Lista de referencias para la elaboración del ensayo final (Formato APA)
Referencia 1
Navarro, L. (2009) Construcción del ciberlenguaje de la generación red en el paradigma de las nuevas tecnologías de la información y comunicación: la comunicación del milenio. Recuperado de http://ww.razonypalabra.org.mx/Lizy%20Navarro.pdf
Referencia 2
Berlanga, I. y Martínez, E. (2010). Ciberlenguaje y principios de retórica clásica. Redes sociales: el caso Facebook. Enl@ce Revista Venezolana de Información, Tecnología y Conocimiento, 7 (2), 47-61 Recuperado de http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3294536 http://revistas.luz.edu.ve/index.php/enlace/article/viewFile/5517/5336
Referencia 3
Moreno R. R. (2012) Ciberlenguaje. Diccionario instructivo de ciencias sociales. Normas para estructurar frases abreviadas y acronimos en Internet. Dicciobilbliografia. Recuperado de http://eltaller.us.es/index.php/Ciberlenguaje http://www.dicciobibliografia.com/home/Presentation.asp
Referencia 4
Mayans i Planells, Joan, 2000, "El lenguaje de los chats. Entre la diversión y la subversión". Fuente Original: Revista iWorld, 29 (Julio, 2000), pp.42-50. Disponible en el ARCHIVO del Observatorio para la CiberSociedad Recuperado de http://www.cibersociedad.net/archivo/articulo.php?art=27
Información Objetiva
Se puede apreciar en el plano semántico que el lenguaje de las redes sociales no solo puede ser engañoso sino también confuso en ciertos casos, especialmente a través de la terminología y las expresiones que se desbocan de manera escrita en la red de redes a través de las relaciones sociales.
En palabras de Manuel Castells: “Es el comienzo de una nueva existencia y, en efecto, de una nueva era, la de la información, marcada por la autonomía de la cultura frente a las bases materiales de nuestra existencia. Pero no es necesariamente un momento de regocijo porque, solos al fin en nuestro mundo humano, habremos de mirarnos en el espejo de la realidad histórica. Y quizás no nos guste lo que veamos.” (Castells.1998:514).
El lenguaje que por ella fluye no sólo se caracteriza por su reverencia al inglés, sino por su elasticidad a la hora de adoptar formas y grafías absolutamente innovadoras y exclusivas de los cibernautas. Si a esto añadimos la abundancia de expresiones iconográficas, utilizando signos de puntuación o cualquier otro símbolo con que los diálogos entre los usuarios se ven salpicados, podemos creer que estamos asistiendo a la implantación de una especie de idioma universal, un experimento de creación de un nuevo esperanto, cuya capacidad expresiva no es mucha, entre otras cosas porque resulta absolutamente inútil para describir los matices. (Cebrián,1998:160
Información subjetiva
Con éste inauguramos una serie de artículos que abordan diferentes facetas de los chats, como fenómeno social emergente, como producto informático de éxito y como uno de los usos más populares de Internet. A continuación echaremos una ojeada a un aspecto sobre el que todo 'chatero' tiene una opinión: la peculiar utilización de lenguaje -de la gramática, de la ortografía, de recursos extra-lingüísticos- que se da en los chats. Veremos como, en estos entornos, se destroza -según unos- o se enriquece -según otros- la lengua castellana, sin que, de momento, la Real Academia Española de la Lengua, al parecer, se haya enterado de nada. Difícilmente tardará mucho en hacerlo.
Yo creo que los errores accidentales no son preocupantes. Incluso algunos deliberados como no poner los acentos, pueden conducir a agilidad en la conversación. Otros como la jerga de las abreviaturas, el uso pretendidademente diferenciador de utilizar la 'k' por la 'c', las palabras IRCeras (nope, sipi, sip...), etc., simplemente me producen repugnancia. Es una lacra que se extiende de unas personas a otras, fundamentalmente por 'snobismo', y que me produce auténtica incomodidad al verlas escritas, hasta tal punto que me sería imposible trabar una conversación interesante con una persona que las utilizase conmigo".
Postura en contra
El problema radica en que quienes se comunican a través de las redes sociales trasladan sus elementos comunicativos a otros espacios como el profesional y el académico con errores ortográficos, ausencia de puntuación, vocabulario muy limitado y contribuyendo a la desintegración cultural del idioma español.
Como consecuencia hay un empobrecimiento del lenguaje. El problema es que los estudiantes no saben distinguir si lo correcto es el lenguaje alterado, que utilizan en los chats, o el que han aprendido en la escuela.
Postura a favor
El presente trabajo es el resultado de un análisis profundo y sistematizado de la configuración del lenguaje que los miembros de la Generación Red aplican en sus comunicaciones en este paradigma. El comportamiento, el lenguaje, la conducta general, cambian. Por ejemplo, un usuario de la red puede envolverse durante horas en la ilusión de que su núcleo de amigos, sus preferencias, sus intereses, sus manías, sus amores y hasta sus odios viven encapsulados en esa especie de nueva bola de cristal a la que puede castigar mudándose de página o simplemente apagándola, cuando le responde algo inconveniente o que no le gusta. La adicción de unos crea, por lo demás, la soledad de los otros. En pocas palabras, Internet implica un nuevo modo de socialización, un nuevo modo de usar el lenguaje y el pensamiento, es decir, la cultura. En este paradigma el mundo editorial está viviendo su tercera gran revolución. La primera se forjó con el paso de la cultura oral a la escrita. El nacimiento de la imprenta de Gutenberg, en el siglo XV, trajo la segunda. Y la tercera está irrumpiendo este siglo amparada por las nuevas tecnologías de la información.
Otra información relevante.
Diez mil personas tecleándose palabras las unas a las otras... ¿Se imaginan lo qué puede ser de esas 'palabras'? Más de un sesudo filólogo o lingüista se mesaría las barbas con nerviosismo al observarlo. Alguno no dejaría de mirarlo con justificado interés. Los chats son un laboratorio social de bulliciosa actividad. Y esa actividad tiene por única materia prima el código ASCII, los 128 o 256 símbolos gráficos representables mediante el teclado de un ordenador. Nada, en comparación con la infinidad de matices representables por el tono de voz, la cadencia, la musicalidad, los gestos, la mirada o lenguaje proxémico presentes en toda conversación. Pero lo bastante para hechizar a magnitudes considerables de usuarios.
Unos usuarios que son conscientes de la ausencia de todas esas características presentes en la conversación oral. Y, por ello, unos usuarios que se lanzan a la ardua tarea de conseguir representar sus emociones y estados de ánimo a través de la estrechez del código ASCII, para gloria u ocaso -según el parecer de cada cual- de las estructuras lingüísticas en que se amparan. Las características del medio son ineludibles, y condicionan, de principio a fin, las interacciones verbales de los usuarios. Predominan las estructuras gramaticales sencillas. La necesidad de teclear deprisa, hace que las intervenciones sean cortas y que la corrección ortográfica no se cuide en exceso. Muchos usuarios afirman que, deliberadamente o no, intentan acercarse al máximo a lo que para ellos es una conversación cotidiana. Una conversación que tiene lugar dentro del registro 'oral'. No obstante, la conversación acontece, de hecho, por escrito. Lo cual es un fenómeno sin precedentes en la historia de la comunicación popular. Esto da lugar a una situación paradójica:
Por una parte, nos enfrentamos al más inorgánico y espontáneo de los registros escritos. Resulta próximo, desprovisto de convenciones y reglas gramaticales o, al menos, de la obligación de su cumplimiento. La tradicional caracterización distante del texto escrito se diluye ante la poca elaboración de las frases y lo instantáneo de su llegada al o a los receptor/es. Asimismo, la característica propiedad reflexiva del registro escrito pierde enteros, ante la imposibilidad práctica de revisar cada frase y el hecho de dividir lo que podría ser una opinión o una exposición de pensamiento, en diversas frases, entrecortadas por otros participantes, que hacen de la elaboración de una opinión o pensamiento algo compartido, participativo y escasamente lineal.
Quiere decir esto que al exponer un contenido en lengua escrita y de forma convencional, estamos acostumbrados a poder revisar la construcción formal (especialmente desde la llegada de los procesadores de texto informáticos, que llevan esta posibilidad al paroxismo perfeccionista absoluto) y a ir disponiendo los componentes del argumento de forma consecutiva, progresiva y lineal. Sin embargo, cuando esto es lo que pretendemos en un entorno como los chats, el sistema de argumentación es más similar al de una conversación oral: el contenido se improvisa más, se distribuye fragmentado. En un chat no es conveniente hacer frases o intervenciones muy largas, porque, tal y como ocurre en las conversaciones orales, éstas pierden interés y atención del público. Además, el factor del 'scroll' de pantalla (movimiento del texto en la pantalla: las intervenciones van desplazándose por la pantalla hasta desaparecer a medida que las nuevas van brotando) también influye en que las construcciones gramaticales de más de dos líneas sean poco eficaces. En esta peculiar forma de construcción de un discurso intervienen las opiniones y comentarios de la audiencia, interrumpiendo al 'ponente', apremiándole, pidiéndole explicaciones, contradiciéndole o, incluso, hablando, en paralelo, de otra cosa que nada tenga que ver.
Por una parte, nos enfrentamos al más inorgánico y espontáneo de los registros escritos. Resulta próximo, desprovisto de convenciones y reglas gramaticales o, al menos, de la obligación de su cumplimiento. La tradicional caracterización distante del texto escrito se diluye ante la poca elaboración de las frases y lo instantáneo de su llegada al o a los receptor/es. Asimismo, la característica propiedad reflexiva del registro escrito pierde enteros, ante la imposibilidad práctica de revisar cada frase y el hecho de dividir lo que podría ser una opinión o una exposición de pensamiento, en diversas frases, entrecortadas por otros participantes, que hacen de la elaboración de una opinión o pensamiento algo compartido, participativo y escasamente lineal.
Quiere decir esto que al exponer un contenido en lengua escrita y de forma convencional, estamos acostumbrados a poder revisar la construcción formal (especialmente desde la llegada de los procesadores de texto informáticos, que llevan esta posibilidad al paroxismo perfeccionista absoluto) y a ir disponiendo los componentes del argumento de forma consecutiva, progresiva y lineal. Sin embargo, cuando esto es lo que pretendemos en un entorno como los chats, el sistema de argumentación es más similar al de una conversación oral: el contenido se improvisa más, se distribuye fragmentado. En un chat no es conveniente hacer frases o intervenciones muy largas, porque, tal y como ocurre en las conversaciones orales, éstas pierden interés y atención del público. Además, el factor del 'scroll' de pantalla (movimiento del texto en la pantalla: las intervenciones van desplazándose por la pantalla hasta desaparecer a medida que las nuevas van brotando) también influye en que las construcciones gramaticales de más de dos líneas sean poco eficaces. En esta peculiar forma de construcción de un discurso intervienen las opiniones y comentarios de la audiencia, interrumpiendo al 'ponente', apremiándole, pidiéndole explicaciones, contradiciéndole o, incluso, hablando, en paralelo, de otra cosa que nada tenga que ver.
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